miércoles, 13 de abril de 2011

Good Morning Darling.



Si lloraras toda la madrugada entre mis brazos,
sabría al menos, que mi tacto no es tan inútil como mi voz,
si te permitieras caer y levantar mientras te miro a los ojos,
tendría la seguridad absoluta de que por un costado, vencimos a la muerte.

Todo parece absurdo cuando la esperanza se pierde,
cuando sin saber entender la vida tratamos de entender la muerte,
cuando sin saber glorificar a algún santo creemos fielmente.

Cariño, en un mundo tan humano, todo es inhumano,
claro está que no me entiendes, pero lo sientes,
cariño, que sepas que yo estoy a tu lado,
aunque no siempre sepa darte abrigo,
aunque por instantes te parezca una mejor idea no quererme,
no tolerarme, no entenderme y finalmente no tenerme.

El tedio forma parte de todo, es por eso,
que de vez en cuando te ofrezco mis labios y mis silencios,
la desdicha busca afilarse, es por eso,
que sin duda alguna te siento para que me sientas por completo.

Yo no sé nada de consuelos,
la impotencia se adueña de mis recovecos
y mi memoria está llena de todas esas lagunas mentales
que me obligué a tener por el bienestar de mis tormentos.

Yo no sé nada de fracasos,
y sin embargo, te soy sincera,
tengo una pila llena de lágrimas derramadas
por las derrotas que amenazaron con dejarme ciega,
inmóvil, sola y perdida en medio de horas inciertas.

No soy siempre la mejor opción,
casi nunca soy recomendable,
sabes bien que cuando trato de arreglarlo termino por abrumarte,
pero cariño, otro día nace, otra espera muere,
y si volteas a ver, aunque no sea de palabras,
he aprendido a quererte,
aunque no sea de palabras,
se que cuando tomo tus manos el instante se convierte.

Buenos días cariño,
que hoy sigo contigo,
que hoy somos más fuertes.

Fotografía: Carolina Jiménez.

domingo, 13 de febrero de 2011

Comfortable...


No sabría decir de qué color son sus ojos, pero si sé decir que perderse en ellos destruye la insatisfacción, perderse en ellos es algo muy parecido como a desnudar toda aquella fragilidad de la que nunca me gusta hablar.
No sabría decir que tiene su sonrisa, pero estoy completamente segura de que cuando la veo mi rostro me ridiculiza, pero sí, estoy completamente segura de que una de sus carcajadas destruye la desdicha.
Yo no sé que tiene su andar, pero cuando camina delante de mí y se voltea, se me va el aire, el alma y cada una de mis palabras, porque tiene ese algo, ese no se qué, que me hace perder el juicio y me obliga a guardar silencio una y otra vez, porque sé que no soy recomendable, sé que reservarme este disparate que no es un disparate es el mejor de mis detalles.
No sabría explicar muy bien porque siempre me mantuve estoica mientras la vida pasaba y su grandeza también, pero lo hice y ahora tengo menos capacidad para emprender un vuelo perpetuo, porque se me acaban las ilusiones pero parece rescatarme cada vez que le permito aparecer, porque se me acaban las sonrisas pero me roba una que otra mueca sabor a libertad, porque mi vida tiene sabores que no logro degustar, sin embargo, desde que le permito amanecer en mí, tengo la imperiosa necesidad de decir que algo palpita por aquí o por allá, pero algo palpita y no estoy muerta a como una vez sentí. Estoy viva y que hermoso es tenerle cerca de mí.

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Fotografía: Ellen Tamara Durán Wong.

jueves, 10 de febrero de 2011

Compañera…


"Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos"
Nuestro Bene.

Compañera:

Yo no sé si lo ha notado compañera, pero cuando usted camina a mi lado el camino es corto aunque yo desee alargarlo, pero cuando usted sonríe yo sonrío también, porque compañera, usted y yo sabemos que separadas no entendemos la simplicidad de este mundo tan avaro.
Yo no sé si lo ha notado compañera, pero aunque el tiempo entre los mortales se limite, usted y yo somos esa eternidad que aunque a ciertas gentes mortifique, a usted y a mí nos llena de lapsos felices, en los que todo tiene sentido por un momento, aunque sea algo que asimilemos juntas entre tanto amor, aunque entre tanto amor también haya tanto tormento.
Yo le confieso compañera, que si estoy en pie es porque su mano siempre me ha levantado, que si no muero de cansancio es porque usted es el complemento vitamínico para soportar el irónico pasado, y no sujetemos momentos inertes, que usted y yo somos vida y cuando estamos juntas todo evoluciona, todo se convierte.
Y es que compañera, yo fui víctima del amor, de la huida, del desencanto, de la traición, y mientras más sufría usted más me amo, porque mientras yo caía entre soledad, usted vino con esa sonrisa infinita y me sanó entre esas agonías que no me permitían respirar, entre esa soledad que me desahuciaba la pasión, entre esos desaires que usted conoce tan bien como yo, porque usted jamás me abandonó.
Compañera, aquí se viene a morir o a matar, yo cuento con usted cada vez que me maten, porque yo no vine a lastimar, yo vine a dar mi vida a sabiendas de que me volverán a lesionar, usted vino a lo mismo y me basta con su complicidad para querer morir mil y una veces más, al fin de cuentas usted está y que se vaya quien quiera, yo a su lado voy a descansar.
Sepa usted que tengo muchos caminos por recorrer y si me marcho compañera, porque sé que me voy a marchar es simple y sencillamente, porque me marcho a su lado. Es porque mi camino está con usted y el suyo está conmigo, es porque hasta dan ganas de envejecer sabiendo que envejezco dándole mi abrigo.

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Fotografía: Ximena Brenes León.

jueves, 6 de enero de 2011

Yo no sé hablar de mí...


Yo no sé hablar de mí, creo que siempre me invento historias clandestinas que me lloran, que siguen esperando, que se apropian de todo este ser inadecuado, creo que siempre digo a los demás lo que debería repetirme a mí misma, pero mejor juego a engañarme, mejor me engancho y me creo esas mentirillas que siempre sano con la mirada, mejor coloco mi realidad sobre una vitrina y le regalo a un alguien mi abrazo protector, aunque sea yo quien necesite protección.
Yo no sé dibujarme, si me pidieran hacerlo, creo que haría puros garabatos ojerosos, creo que haría unos puntos suspensivos y al final colocaría un más infinito, aunque yo sea finita como cualquiera, aunque mi miedo a la muerte no me garantice una vida eterna.
Yo tengo un corazón noble de palabra, es una lástima que no sepa hablar, es una lástima que no se me salga del pecho y grite a los cuatro vientos lo que le duele, lo que sabe, lo que intenta, lo que muere y lo que vuele a morir, porque yo me muero a diario y con tantas ganas de vivir. Porque yo me muero a diario y por suerte mi corazón descorazonado no se me sale del pecho, porque mi orgullo no es como las bandas cambiarias, mi orgullo no tiene un techo.
Yo a veces me confundo entre copas de vino y cigarrillos, entre risas y monarquías absolutas de quien no sabe hablar, de quien no sabe sentir, de quien camina porque cree que caminar es seguir, de quien se ríe de su desdicha porque nadie le enseñó a luchar, yo a veces me confundo, pero siempre logro hallarme entre mis cuatro paredes y una carcajada sabor a libertad.
Yo no sé hablar de mí, he sido de papel múltiples veces con quien debí ser de roca, ciertos flashbacks me han arruinado noches perfectas y no lo niego, tengo uno que otro trauma que no creía tener y no culpo a nadie, simplemente me permití amar y el amor se me fue por las tuberías de la inexperiencia, el amor, me dio golpes bajos y tan bajos que creí falsedades, tan bajos que el miedo no fue suficiente para detener tan ridículo tormento, otorgado por quien creí que me amaba, por quien pensé que existía, aunque solo habitaba en mis adentros. Te puedes joder y te dije adiós Sheccid.
Yo no sé hablar de mí, pero a veces trato de recordar la última vez que lloré desconsoladamente y no me interesa acordarme, a veces comprendo tanto porque me fui que desearía volver y tener una salida triunfal, pero no funciono para hacer daño, soy emocional, al punto que también lloré de felicidad, al punto que aquí estoy y esta noche me basta con respirar, porque me acercaron a Dios de formas que no se explicar, no precisamente confesándome o yendo a la iglesia, sino que me recordaron que él a todos lados me iba a acompañar, que él me iba a cuidar, que él directa o indirectamente me lograría sanar.
Yo no sé hablar de mí, pero la vida sin mí era algo parecido a una nauseabunda espera de olvidos, la vida sin mí no era más que un par de inútiles recovecos, la vida sin mí tenía mucho de alguien, la vida sin mí y ahora yo vivo mi vida, sin acostumbrarme.
Yo no sé hablar de mí y creo que eso ha quedado claro, pero sé hablar un poco de ti, y de ese Hallelujah 1, Hallelujah 2 y Hallelujah 3 que me has arrebatado, si hablo de ti, creo que puedo describirme un poco, porque has logrado con tus manos, con tu risa, con tu voz y tus encantos los más hermosos paisajes, porque llegaste siendo una voz y de pronto te convertiste en la alteración a mis sistemas, en la compañía perfecta, en el ser confidente que da y no espera, llegaste y fuiste el plus de mi existencia.
Yo no sé hablar de mí, pero Dios te llevó y días antes de eso, soñé contigo, me pediste vivir, cambiar mi cara, reírme y recordar que despierto, y cuando te recuerdo, se me vienen a la cabeza y al corazón gestos que me robaban la risa y me saturaban de satisfacción, porque yo no sé hablar de mí, pero cuando te recuerdo, se me vienen al pecho esas ganas de conocer el país, de viajar, de sentir, cuando te recuerdo que es casi a diario, nada de lo terrenal me hace daño, porque me desvivo por creer que me proteges, porque me desvivo por recordar tu pedido, porque lo cumpliré y volveré a encontrarme contigo. Eso lo sé.
Yo no sé hablar de mí, pero ahora siento que todo está completo, tengo la imperiosa necesidad de necesitarme todo el tiempo y me siento, tan pero tan profundamente que no hallo mejor inicio a esta vuelta, yo no sé hablar de mí pero que se follen a los pronósticos, al los diagnósticos y al desamor, que hoy me tengo y que rico es volver a ser yo, con mis defectos, con mis romances indiscretos, con mis madrugadas desoladas, que rico es tenerme, que rico es sentir mi amor en mi amor.
Yo no sé hablar de mí y qué más da, no quiero saber hablar…
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Fotografía: Carolina Jiménez.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Me gusta...


Me gusta sentirte en cada calada, mientras inhalo y exhalo ese cigarrillo a media madrugada, me gusta desear tus brazos mientras la brisa eriza mi piel, mientras te recuerdo antes de que el día comience a nacer.

Me gusta fundirme en tu voz y en tu quehacer, en tu risa y en tu saludo que no soporto cuando se convierte en despedida, aunque sepa que pronto vas a volver, a inundarme de ti, de ti, ay Dios, de ti.

Me gusta cuando imitas mis berrinches desastrosos y me obligas a entender que me entiendes aunque no me sepas entender, porque has aprendido que se me acumularon los miedos y de vez en cuando sólo busco correr.

Me gusta cuando amanezco en ti, tan radiante y alentada aunque nunca te lo sepa decir, tan querida y dichosa aunque sólo lo pueda escribir, porque no sabes, no sabes todo lo que moría antes de que vinieras a mí.

Me gusta cuando me detienes antes de cometer el terrible error de dejarte ir, me gusta cuando me acercas y pareces acercarte sin esos cuestionamientos que desearían no saber tanto de una mujer que recientemente no hacía más que padecer los arrebatos del destino, me gusta que a veces eso se te olvide y te despojes de issues para sentir.

Me gusta cuando me sientes, tan profundamente en ti, que de pronto siento tenerte entre mis brazos, entre mis sueños, entre ese universo constelado que sueles obsequiarme, entre todo eso que me has enseñado, entre tú y una renovada yo, entre tú y una mujer que jamás pensó que volvería a sentir, entre tú, con tus dichas, desventuras, recuerdos, traumas y yo, siempre conmigo. Siempre al compás del sabor y esa hermosa satisfacción que has creado, y que con ella destruyes mi sinsabor. Tú, tú y quién soy yo para decirte que no?...

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Fotografía: Ellen Tamara Durán Wong.

viernes, 5 de noviembre de 2010

De pronto...


De pronto me vi besando tu fotografía, con la más tierna devoción,
con esa honestidad de la que te he hablado, que no conocía yo.

De pronto mi amor, me vi impaciente por ti, por tu abrazo,
por tu dulzura y tu noble inclinación por facilitarme las noches,
las agonías y el corazón.

De pronto, cuando la noche caía, me hacías perder el miedo y
la incansable desolación. Me obligabas a sonreír, a esperanzarme
con respecto al futuro, a la pasión y al inconsolable amor.

De pronto una noche cualquiera, la casualidad se poso en mi habitación
y desperté contigo en cada tejido de mi emoción, en cada derrota
que sanaste sin que te lo solicitara mi insatisfacción.

De pronto, me hiciste bailar en la oscuridad,
me provocaste reír cuando sentí no poder dejar de llorar,
me encendiste, me sedujiste despacio,
me diste la satisfacción de poder sentirme protegida,
indefensa y querida, de pronto eras tú, recordándome quien era yo,
dándome valor entre espacios devaluados.

De pronto, conociste mis defectos,
te los dije con miedo y pareciste aceptarlos sin desvelos,
porque no soy perfecta y eso parecías entenderlo.

De pronto, me veo envuelta en algo incierto,
poso mis manos en las profundidades de tu silencio,
exploto para ti, deseo llevarte adentro, muy adentro,
busco tu aroma en mis sabanas, tus labios en los míos,
busco, sabiendo que estás conmigo.

Un día, de pronto, se me ocurrirá advertirte,
que es mejor que no vengas, porque si vienes,
no querrás irte y si te vas,
morirás por volver, por tenerme, por sentirme.

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Fotografía: Carolina Jiménez.

De adentro hacia afuera...


Las madrugadas respiran algo muy similar a la esperanza,
ya no siento tanto miedo al dormir,
he dejado de sentir que duermo sola,
aunque normalmente me sigo aferrando a una almohada llena de recuerdos, de inconformidades y contratiempos.

Las madrugadas tenían un aroma a infelicidad acumulada,
a traumas de infancia, a culpa y a un miedo terrible a la soledad.
Siguen teniendo ese aroma, únicamente que en la actualidad,
también huelen a futuro y también sin duda alguna portan
ese no sé que, ese no sé donde, ese no sé cuándo,
que me emociona, me instala cual Atalaya y me
indica que la madrugada funciona cuando caduca el alma.

Duermo poco, pero ahora duermo bien, ya no tengo tantas pesadillas,
ya no despierto con el mal sabor de no entender lo que sucede,
cuando ya no existe capacidad de sostener, de suponer,
de justificar y cuestionar. Ya no existe esa manía absurda de reconquistar.

Últimamente, me aferro a mis libros subrayados,
al jazz de media noche, a las pasiones acumuladas,
a las fantasías sin cumplir,
a la desesperación hermosa que se posa sobre las novedades y el blues,
a Benedetti a flor de piel y a mi llanto en cada frase,
en cada letra posada sobre el papel.

Deseo unos labios que parecen ser inalcanzables por las tardes,
pero jamás utópicos, deseo unas piernas accesibles e insaciables,
deseo una voz penetrante y sin fronteras,
un alma libre, un tesoro descifrable,
siendo amante a la antigua, le deseo incansablemente sin idealizarle.


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Fotografía: Carolina Jiménez.