
Me gusta sentirte en cada calada, mientras inhalo y exhalo ese cigarrillo a media madrugada, me gusta desear tus brazos mientras la brisa eriza mi piel, mientras te recuerdo antes de que el día comience a nacer.
Me gusta fundirme en tu voz y en tu quehacer, en tu risa y en tu saludo que no soporto cuando se convierte en despedida, aunque sepa que pronto vas a volver, a inundarme de ti, de ti, ay Dios, de ti.
Me gusta cuando imitas mis berrinches desastrosos y me obligas a entender que me entiendes aunque no me sepas entender, porque has aprendido que se me acumularon los miedos y de vez en cuando sólo busco correr.
Me gusta cuando amanezco en ti, tan radiante y alentada aunque nunca te lo sepa decir, tan querida y dichosa aunque sólo lo pueda escribir, porque no sabes, no sabes todo lo que moría antes de que vinieras a mí.
Me gusta cuando me detienes antes de cometer el terrible error de dejarte ir, me gusta cuando me acercas y pareces acercarte sin esos cuestionamientos que desearían no saber tanto de una mujer que recientemente no hacía más que padecer los arrebatos del destino, me gusta que a veces eso se te olvide y te despojes de issues para sentir.
Me gusta cuando me sientes, tan profundamente en ti, que de pronto siento tenerte entre mis brazos, entre mis sueños, entre ese universo constelado que sueles obsequiarme, entre todo eso que me has enseñado, entre tú y una renovada yo, entre tú y una mujer que jamás pensó que volvería a sentir, entre tú, con tus dichas, desventuras, recuerdos, traumas y yo, siempre conmigo. Siempre al compás del sabor y esa hermosa satisfacción que has creado, y que con ella destruyes mi sinsabor. Tú, tú y quién soy yo para decirte que no?...
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Fotografía: Ellen Tamara Durán Wong.