jueves, 11 de junio de 2015

Je suis


Soy la música, las luces, los tragos.
Soy la única bala de la ruleta rusa, la saeta, la intimidad.
Soy el exceso, el parque de diversiones, la imaginación.
Soy el secreto, el siniestro, el silencio.
Soy la ejemplificación perfecta del destiempo, con un orgasmo a tiempo.
Soy las bragas por el suelo y la vergüenza perdiéndose por completo.
Soy el cover y el soundtrack de la mejor historia de destierro.
Soy la sorpresa inefable y el movimiento perfecto.
Soy la tercera guerra mundial disfrazada de mujer.
Soy mi mujer, su mujer, la mujer.
Soy la maldición generacional y el manjar de año nuevo.
Soy las copas de vino del veinticuatro de diciembre y el desayuno del día siguiente.
Soy la pipa cargada after sex y la resolução del placer. 
Soy la sangre en sus venas, el palpitar entre sus piernas.
Soy el cóctel de bienvenida, la curita temporal para cualquier herida.
Soy la dulce ambigüedad y el comentario fuera de lugar.
Soy la carcajada satisfecha y la caricia en las caderas.
Soy el padecimiento que se oculta y el amor en constante fuga.
Soy el tacto, el oído y el trampolín que convierte en seguridades sus dudas.
Soy el poemario y la taza de café.
Soy los zapatos de quien me pidió quedarme y se fue.
Soy la fiesta insatisfecha hasta el amanecer.
Soy el camel suave que ilumina la habitación a las cuatro menos diez.
Soy la tristeza en los ojos y la desgracia en constante remojo.
Soy el olor a licor que brota de sus poros y el súbito reojo.
Soy entre líneas y contra paredes.
Soy el nombre que no se dice porque se gime.
Soy la quimioterapia ante los complejos y el guión de despedida del mejor libreto.
Soy la cómplice, la víctima, la villana, la asesina, la niña.
Soy la amalgama de emociones y el corazón palpitante en todos los rincones.
Soy el pasatiempo, la inanición, la desesperación.
Soy el cognac y el habano a medio terminar.
Soy las alas y la caída libre, el giro de trescientos sesenta grados, el crimen.
Soy el nunca más y el para siempre.
Soy viernes siete días a la semana y a veces domingo, si conviene.
Soy Oliverio, Horacio y Sade. Soy Frida, la Maga y Avellaneda.
Soy la puta y tengo pinceladas de María Magdalena.
Soy le poemario de Benedetti en el botiquín del baño.
Soy pasajera, tan pasajera que soy eterna.
Soy efímera, tan efímera que soy inolvidable.
Soy imperfecta, tan imperfecta que soy perfecta, sin imagen ni semejanza.
Soy lo que brota y se lamenta entre sus entrañas y sus pestañas.
Soy sin permanencias, sin huídas, sin bienvenidas, sin bienaventuranzas.

domingo, 24 de mayo de 2015

Milky Way



"And tell me, did Venus blow your mind?
Was it everything you wanted to find?
And did you miss me while you were looking for yourself out there?"



Deténganse un momento.

Miren fijamente, como yo, a la mujer que va del lado de la ventana. Contengan la respiración, abrochen sus cinturones de seguridad y por favor, observen como ella abre un libro de Cortázar.

Ahora, olviden los treinta mil pies y noten como subraya con su lápiz de ojos los altibajos de la Maga y para mejorarlo, hace todo eso con las piernas cruzadas.

Yo, me sirvo el jugo, escuchando de lejos como me dice “amor, vos le pondrías un poco de agua”.

Aguardando por horas su llegada a mi encuentro, para que se acomode en mis brazos, me pida que la levante para que le suene la espalda y nos fundamos por un momento en la tranquilidad de los retornos sinceros.

No le miren las ojeras ni el gesto de pocas palabras, a ella no le gusta madrugar, a ella le atrae hibernar y reincorporarse descalza, despeinada y con una sonrisa de aurora boreal.

La conocí en Europa, en una Europa más lejana. Mientras Júpiter jugaba al escondite con Saturno. Era un día que pecaba por verse acongojado, yo me tomaba un trago y seguidamente la vi a ella, arremangada a la tarde y sus desahucios.

Tragos, limones, sal y la música a un volumen irracional. Cáncer hasta el cansancio, junios acumulados y millas mal gastadas. Yo, por mi parte, aprendiendo de ausencias y despilfarrando mi vida en borracheras nefastas que abrían puertas de intransigencia.

Aprendí a conocerle la mayoría de los gestos, cuando ríe, cuando llora, cuando es torpe, cuando habla, cuando está ebria y cuando finge estar enojada. Cuando entiende, cuando ignora y cuando no tiene ni la más mínima intención de ser escuchada. Y el más importante, cuando necesita desinteresadamente ser amada.

Fuimos una supernova de emociones y risas, de poesía y listas de reproducción, fuimos al instante complicidad y desastre. Fuimos veintiocho de noviembre en la historia del universo, justamente cuando nació la primera flor sobre la Tierra. Nos convertimos en propietarias de los cuarenta y tres trillones de estrellas que nos correspondían individualmente. Y nos alojamos en el lugar que nos dio la gana, adentro de una burbuja situada en Milky Way, a pocas miradas luz de Andrómeda.

Deténganse un momento.

Observen ahora, como cierra el libro y se dispone a su trámite de aduanas. Apurada. Pestañeando en exceso, aburrida del proceso. Con suspiros de agotamiento entre espalda y pecho. Mordiéndose los labios y acomodando los papeles, sin orden y a destiempo.

La espera acaba y llega a casa. Entra luz por todas las ventanas. La alegría se cuela por la botella de vodka descorchada, habla sin tapujos y se siente confiada en repetirme treinta veces por segundo “te extrañaba”, los pasillos nuevamente huelen a crème brûlée, la cena le sabe a gloria y nos embriagamos de historias.
 
No hace falta utopizar, aprendimos a crear y sublimar, aprendimos a derretirnos como cometas ingresando a la atmósfera, vivimos de adornar con astros nuestras derrotas.

Somos multiverso, somos la diatriba contra la gravedad, somos el murmullo ancestral que divaga en la paralela ambigüedad. Somos nuestro propio y revolucionado Big Bang.

jueves, 30 de abril de 2015

Katastrophe





Ella quiso un romance con mi yo superior y cuando se encontró un organismo en construcción, dio dos pasos al frente, palpó y sintió, hasta que me desvaneció.

Seguidamente, me mostró un lado de la llanura que tiene por espalda, uno que nunca logré acariciar, refutó y se marchó.

Y está bien, yo quedé muda, sin embargo, ella quedó ciega. La peor parte, fue la visión múltiple que me ofreció, ahora puedo ver atrocidades y aunque me cubra los ojos, en tremendo genocidio estoy yo.
 
Callar mis letras a partir de este instante, callarme yo. Callar a la bestia y guardarla debajo del colchón.

El problema de que hoy sea un nuevo día es, que los días siguen pasando y ya el silencio me abarrotó. Ya lo que piense, sienta o considere como real, se ultrajó. No a puntos medios, a puntos donde se sonsacó la magia inmortal hasta convertirla en error.

Prefiero asentir con la cabeza y decir que el universo tiene razón, aunque a veces la razón esté de este lado del cuadrilátero, donde no hay golpes, donde no hay ningún camino ajustable a una circunvalación, donde no se busca remuneración.

Censurada hasta el cansancio, atragantada en mi propio caos, sintiéndome culpable de dejar fluir el arte, de haber cambiado un taller de literatura por las mil imágenes independientes creadas, que ahora se declaman como desastre, como resultado de una mala vida o una mala jornada.

No estoy de acuerdo con las definiciones mortales, no nací para esto, no calzo.

Yo prefiero un escenario de cine franco/español, donde se tira la chinga en el lavabo para acariciar la salvación. Donde el sabor a cigarro en los labios es un manjar. Donde se puede ver más allá del horizonte sin tener que abordar un avión. Donde el amanecer y el sudor son superiores a una larga explicación.

Mi mayor pecado ha sido el tiempo a destiempo, no he logrado coordinar mi reloj de arena con tantos sueños. Soy una fiesta, pero, celebrar no es tan interesante como hacer una tregua con los pasados suicidas, con la escasez de instantes de dicha.

Mi mayor pecado fue el silencio, quedarme muda es el peor de mis padecimientos. Pero las palabras no son necesarias cuando se llena una casa de libros, cuando se es fiel hasta el desconocimiento.

Las palabras no son necesarias, aunque en realidad mis diatribas se centren en mi incapacidad de ofrecer primaveras, porque a la larga todo termina en un terrible cierre, en una ida directa al infierno antes de que cualquier cosa queme.

La mínima inocencia se esfumó y sin pena ni gloria, el destino se burló.

Yo me retiro insatisfecha, la gravedad y yo no tenemos la mínima razón en tiempos en los que volar se convierte en contradicción, en tiempos en los que un trago del mejor de los licores ahogó. 

lunes, 27 de abril de 2015

Amén



"Say my name"

De mujer a diosa en un instante.
Insaciable, asfixiante, recurso inagotable.
Palpable, forrada de savia en un instante.
Saboreable, complaciente, inflamable, inexplicable.
A los ojos y no tan despacio.
Que duela. Que se expanda.

Inundada hasta la médula, jadeante hasta lo más profundo de la cuenca.

Soy poeta y animal entre sus piernas.

De mujer a diosa en un instante.
Dueña indiscutible de contracciones prolongadas y embusteras.
Dueña absoluta del sabor, el aroma y la intransigencia.
Inefable, afrodisíaca. Exquisito manantial inaceptable.

De mujer a diosa en un instante.
Su nombre es eterno al gemirlo.
Su espalda es llanura y sus caderas montañas.

Sabe a Dios, aunque dios no me acepte arrodillada y tragándome sus entrañas.
Sabe a Dios, debería ser sacramento y ley.
Debería ser Ave María, penitencia, cántico y quehacer.
Debería ser hostia, agua bendita y sacrificio.

Sin embargo, es mi religión cuando sabe introducirse despacio en mi ser.

Sin embargo, es inmaculada cuando se viene adentro, cuando riega cada rincón para que florezca un pecado capital nuevo.

Sin embargo, es letanía y versículo, es la sangre del cordero fluyendo por mi endurecido cimiento.

Sin embargo, me persigno, me encomiendo, le permito rasgarme la espalda y morderme los silencios.

Amén. 

lunes, 19 de enero de 2015

La milonga del mañana.


Voy a prepararte un porro y una copa de vino. Te espero por la noche en mi piso, vivo tan al sur como la gente dice.

La llave estará bajo la puerta. No me hagás ir al aeropuerto por vos, porque no sabré manejar mis pulsaciones, llevo varios días, por no decir que todos desde que cambié mi código postal, riéndote y sufriéndote. No es necesario preguntar, yo también tengo mis verdades.

Mis sábanas están blancas, intactas sin vos, agobiadas sin vos, cubiertas de mí, para vos.

Ya he ido a comprar todo lo que necesitamos para embriagarnos, el postre que te gusta y los ingredientes de tus platillos favoritos. Te he extrañado la vida, aunque la vida no me alcance de lo mucho que te extraño.

He leído muchos libros, en todos te he encontrado sin decirlo. Te verías tan linda leyendo a mi lado en el metro.

No tenés nada que envidiarle a la Maga, a Luz, a Gala, a Avellaneda ni a Sheccid, sos la más intensa inspiración de esta novata, pero a estas alturas, creo que decirlo sobra. (Justo al terminar de escribirlo me suenan las entrañas, la ansiedad de tu llegada me impacienta).

Sé que vas a querer hablar de tu viaje, de la gente en el aeropuerto y de lo mucho que te estorbó compartir tu asiento. Habrá tiempo para todo, sin embargo, te digo sin tapujos que estoy cansada de no quitarte la ropa.

Quiero contarte los huesos y las risas, bajar la luz sin apagarla por completo, para visualizar detenidamente el paso de la oscuridad por tus caderas. Quiero olfatearte despacio y acoplarme en tus muslos, como pieza de rompecabezas.

Podés dejar allá todas las preguntas y las disculpas, no me detuviste, no miré atrás, ya pagamos nuestras culpas. Las derrotas van a desaparecer rápido y tus bragas negras, despacio.

El clima está frío, pero no será necesaria tanta ropa, desde ya es impecable el calor. Te van a encantar los cuadros y los matices de cualquier bandoneón.

Esta carta es solamente la primera bienvenida a tu futuro próximo, esta casa es tuya a partir de este instante. Yo soy tuya desde hace bastante, pero el tiempo es relativo. Venís a vivir, a vivirme. Venís a mi lado para crear constelaciones y atrapar estrellas. Venís y la emoción logra atragantarme.

Buen viaje, te espera el paraíso que soñaste, te espera la mujer adicta al desastre que no pudo olvidarte. Te esperan mis libros, mis letras, mis tazas de café, mis desaires que hoy son Buenos Aires. Te esperan los amaneceres por mi ventana y a mí me esperan las eternas madrugadas sobre tu espalda.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Una mujer triste.

"Tristeza de arrabal, sentada en la vereda".

Nunca me he atrevido a interrumpir a una mujer mientras está triste.

Me surge una fascinación inadmisible por mirarles los párpados caídos y la zona del delineado color rojo, de tanto llanto.

Siento la necesidad inexorable por atender sus hambres a destiempo y ese gusto criminal por la pornográfica venganza.

A una mujer triste le brota un aroma a trampa que siempre me invita a resbalarme, a tragarme a bocanadas el instante.

El abrazo peca por ser manjar, por hacerme perder la dignidad.

Conocer a una mujer empapada de luto es un jackpot, una caricia a tiempo, un resurgimiento modesto pero forrado en llamas, un místico y verdadero acontecimiento.

Nunca me he atrevido a quitarles el trago de la mano, ni mucho menos a cuantificarles el estado etílico, me he mal acostumbrado a ser cómplice de los excesos, a ser un pecado de esos fariseos condenados al infierno.

No pretendo ordenar el universo, no me interesa el sentimiento sin sendero, confío plenamente en esos pasadizos agitados y siniestros.

No hay nada más vivo que una mujer triste, porque engaña al tiempo y a la muerte, porque aprende a esperarme con una carcajada y con un viernes. Porque busca reparación a toda costa y no se sienta a lamentarse entre hendijas rotas.

No hay nada más radiante que una mujer triste, su cabello le brilla de ira, hace a las aceras palpitar de tanto pensar y no mira a los lados por aprobación, es la dueña del mundo y no me cambio por nada cuando el mundo soy yo.

No hay nada más peligroso que una mujer triste, porque despierta, porque añora una gran ciudad, porque explota y porque sigue bailando flamencos desnudos y suicidas.

No hay nada más homicida que una mujer triste, porque enamora, porque ya aprendió a despedirse, porque sabe exactamente cuando las cosas caen por la borda.

Porque se convierte en necesidad y a mí, las necesidades me sobran.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mokusatsu


Aprendí a disfrazar lo eterno de efímero. Con todo y sombrero. Con un corbatín mal puesto. Con la sonrisa de medio lado. Con los zapatitos desgastados. Con una peculiar forma de evitar la palabra. Y siempre, con un gesto acostumbrado a las miradas.

De pronto, una noche cualquiera, me dediqué a hablar de dios en minúsculas y de vos en mayúsculas. Diminuta fracción de levadura, de vos misma.

Microscópica explosión a quemarropa. Con esas caderas articuladas. Con esas manos forradas en parafina luego de jugar con el fuego de las velas y con tu dictadura tan democrática, siempre altanera y moderna.

¿Podemos ignorar la escalinata?

¿Te has sentido capaz de estrujarme para que no me vaya?

 ¿Cuántas veces me has sentido al borde de morder la manzana?

El exceso de interrogantes daña cualquier gesto circense, cualquier “warning” puede atentar contra los pasos firmes y simpatizantes de la transparencia. A mí no me diseñaron para buscar la tregua en medio de una guerra, sin embargo, vivo en una de ellas, cualquiera.

Sos como esas figuritas que compré en Coyoacán, así de frágil sos. Y me fascinan esas comisuras tuyas tan inflamables. Ah, también la incoherente aberración que te surge por los excesos del diccionario y tus escasas ganas de persuadir un retazo. 

Ya no estoy muy segura de lo que tengo entre las manos, todo se me escabulle por los dedos, los mismos dedos que utilizo para palparte y evitarte. Los mismos que uso, mi vida, para atentar contra el desastre.

Los domingos siguen siendo igual de suicidas, acompañados por los lunes y su plusvalía, pero ya pronto es viernes y vivo de conservar la magia de los sábados, por bipolares, alcohólicos y sensuales, por vivos, por tenaces. Porque los sábados siempre van a tener el valor de refugiarse en domingos de resaca, de intensas jornadas sobre cualquier cama.

Casi nunca me quedo en la misma cama por más de cinco madrugadas. Hablando de camas, ojalá todo fuera vino, literatura y una mujer, en mi cama. Sin omisiones, sin Photoshop, con mi camisa puesta, sin bragas y el porro en la boca, con la intención a cuestas y con esos muslos jadeantes de cortesana francesa. Ojalá todo fuera en forma de nube y con sonido de orgasmo.

Ojalá los medios de comunicación recibieran soñadores, sin horarios, sin plazos estrictos para traducir estrellas, sin esa prisa por convertir en basura una esquela al más allá. Pero el “ojalá” no sirve de nada y gritar “revolución” dicen que es una idea muy descabellada. Por el momento, me mantengo, a mí nadie me planea la madrugada ni el renacimiento, que nadie me venga con recovecos, mejor me vengo.

Mejor te sigo declamado en mayúsculas, mejor me tropiezo con la luna. Mejor sigo disfrazando lo eterno de efímero, así de pronto, algún día, logre ajustarme adecuadamente a ese cuerpo morboso y a veces embustero, sin sentir que me recortan el solsticio. Sin sentir que me ahogo en otra cosa que no sean aromas paralelos.