lunes, 22 de octubre de 2012

Más infinito.





Me tiemblan las manos mientras capturo cada momento, los instantes se sincronizan y ya no me irrumpen tanto los silencios. Busco un tacto entre las multitudes, entre todos estos abismos tan concretos.

La vida me absorbe, mis ojos observan con más profundidad, los sueños ya no caminan, ahora vuelan sin ser inauditos, sin tanto aparentar. Las realidades se ajustan a una naturaleza efervescente, a un paso acelerado, a este yo que la gente cree inerte. 

Mis brazos son acordes, las yemas de mis dedos aún tienen ese fuego tan mío. La picardía se me escurre insana, la nicotina me provoca y vuelvo a la misma historia, mi esencia convertida en sombra. Mi muerte temiéndole a la juventud de mis labios y mi corazón a carcajadas expulsando todo lo inhumano. 

Han pasado los años, arrastro cada batalla perdida y cada victoria, llevo conmigo toda esta delicadeza al actuar, todo este morbo al soñar, todo absolutamente todo este atrevimiento que me hace suspirar.

Han pasado las almas, sanas e insanas. Han pasado sobre mí los espasmos del destino. He pasado y todo ha pasado conmigo.

Hoy respiro. Sin tapujos, respiro.


sábado, 6 de octubre de 2012

Voar...




"Y raptarte un par de días más conmigo"

Quisiera robarte un color, visualizar los matices de tu cintura, extender el instante en el que se clava en mis ojos tu mirada aurora boreal.

Caminar por tus calles abarrotadas y a la vez desiertas, conservar en mi memoria el lapso concreto de mis labios besando tus muslos y mis manos acariciando el relieve de ese texto que jamás fue casualidad. 

Mirar contigo como se alargan las avenidas, como oscurece un nuevo día, mientras ese trébol de cuatro hojas se desliza junto a mí, con la incertidumbre transitable de una localidad desconocida.

Deseo conservar eternamente en mi memoria la mágica belleza de tus labios entreabriéndose a tu destreza, a tus palabras nunca estructuradas y a la naturalidad prácticamente satisfecha.

Compartir el trago, la risa, el sitio, el cigarrillo. Y que el destino sea el único testigo de que le robaste el aire a una ciudad en un latido, que el destino sea el único cómplice adicional, mientras los kilómetros no nos permiten apaciguar la desdicha de saber que los minutos temporalmente se llegan a agotar.

Tengo instaladas en mi memoria las colillas de tabaco mentolado que a tu lado consumí, tengo todos estos excesos y una necesidad absurda de repetir, una necesidad infame de mirarte hurgando tanta ambigüedad. Una repentina esperanza de recorrer contigo mi capital y de rellenar un mapamundi, mientras nos burlamos de la racionalidad.

Quiero inmortalizarte entre versos, paisajes y miradas, mantenerte estoica en mi memoria, mientras busco que nos atrape la mañana. Mientras encuentro la manera de que el tequila, la chela, el cacique y el vodka se posen en nuestras mesas, mientras que nuestras lecturas amenizan una complicidad esplendida. 

Voy a llevarte conmigo a todas partes, insertaré en mis recuerdos tus historias y tu acento, brindaré en nuestro nombre cada vez que un mortal se atreva a negar la existencia de instantes perfectos, y pues nada, espérame, que yo aquí te espero con el sublime impacto de un beso de buenas noches y algunos instantes de derroche. 

Te dejo mi constante lealtad y mis brazos para que te protejan siempre de la infame humanidad, te dejo mi sonrisa y cada olor satisfecho. Pero te dejo sobre todo los años ausentes, que nos demostraron que el mundo es insano e intransigente, mientras tú y yo somos inmortales entre tanto inerte. 
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lunes, 10 de septiembre de 2012

Le petit mort






¿Le parece empírico si le digo que necesito invertir una de mis noches con usted?

La noche no está constelada, su aroma baila infame por mi ropa, mi olfato busca su cuello y se aloja en una curva de su espalda que me traiciona, de pronto la vida se transforma. De pronto sus labios se entreabren y la magia impera inerte. Me detengo con la negligencia del caso y me contengo, perdiendo años luz de plenitud, aferrándome a un deseo completamente insatisfecho.

La tensión me invade y para serle honesta, no sé proceder muy bien con esta destrucción de hormonas sin aliento, con esta imposibilidad de decirle lo que preciso a cada momento.

Sin tapujos, tengo las emociones desgastadas, imposibilidad de palabra, letargo en las mañanas y unas ganas de usted que me penetran en el alma.

Sus brazos expectantes, su mirada arrasadora, sus labios asfixiantes, sus caderas infalibles, sus extremidades destructibles, estaré pecando, pero en todo caso a su lado cometería cualquier crimen.

Mientras usted cruza las piernas a mí se me contrae la existencia, me convierto en un efímero impacto de humedades embusteras, en un caos terrenal que se ahoga entre mares y trincheras.

Que sencillo suena pensar que me muero por arremeter contra usted, en cualquier sitio, a la hora que nos indique el destino, que sencillo sería ajustar sobre su cuerpo una brecha para satisfacer cada una de sus insistentes insolencias.

Que fácil hacerla vibrar, que intolerables las ganas de observarla contraerse, ahogarse, sostenerse, infiltrarse en un universo paralelo abarrotado de creces.

Que sesenta y nueve veces después su cuerpo se dilate sediento, su sueño se altere incierto y caiga en el letargo mientras yo me recupero, mientras mis brazos sujetan su cintura para que se resbale su locura. Mientras que su pecho exhala mis más retóricas palabras, mis sentencias más fuertes e ilimitadas.

Es desesperante que el impacto no llegue a ser perpetuo, cuan preciso es el momento en el que usted se viene y yo le secundo la moción, mientras el cosmos le estalla desde la ingle hasta la intransigente espera, ante esas ganas incorrectas que postro sobre el deseo de una segunda faena, una segunda batalla a favor de la delincuencia que se hospeda entre sus piernas.