lunes, 13 de noviembre de 2017

Guadalajara I


"Jueves de martes amargo."

He intentado escribirte en múltiples ocasiones, Guadalajara, sin embargo, de cuando en cuando pienso, que no hay palabras que logren describir que de todas mis muertes, vos serías la muerte que me haría resucitar. Me recuerdo, me acojo, me despojo, te halago, te hago titubear.

A diario me exijo ser sutil, sin embargo, me ahogás en mezcal, me convertís en monólogo y no puedo pensar, algunas veces me enciendo, otras, me quiero suicidar.

Algunas veces, entre música y algo más, hacés que me tiemble el alma y no es que esté mal, pero si me convertís en arte, no te vas a querer detener, no vas a poder parar. Vas a ultrajar el resto de sensibilidad que me permite palpitar. 

Sos olor de otoño, sos las mejores lunas de octubre, y entre aparentar, sos el aroma a lluvia que me hace bailar, a deshoras y con tragos de más. Y aunque no haya aguacero, sabés cómo mojar la subterránea realidad, no sabés lo que hacés, pero de vez en mes, lo hacés bien. Te aplaudo el logro y te provoco brindar. 

Te permito sentirte única, porque sos única, digan lo que digan en cualquier avenida principal. Te dejás ser melodía, te queda la inocencia suficiente como para arrugar la nariz al reír, y abarrotar de ternura cualquier lugar, sos mujer, tan mujer que has permitido que te igualen con todas las demás. 

Pobre de vos, Guadalajara, te han vaciado entre comparaciones y malos repertorios, te han enjuiciado con todo menos con tus propios demonios.

No sos tan mala como cuentan, ni tan surreal como pensás, pero sos Guadalajara y a vos hay que saberte murmurar.

No sé dibujar corderos pero soy experta en ambigüedad, reparo las manijas del reloj pero el tiempo me cercena a la mitad.

Un whisky a la salud de tus desembocaduras, Guadalajara, me prometo regresar. Soy viernes y eso nadie me lo puede refutar.

Porque fue un jueves de martes amargo y yo no estaba lista para regresar, nunca más.

lunes, 7 de agosto de 2017

Page 55.


A las manos les falta la espalda, al olfato ese olor, al riñón el licor, al colchón los cuerpos y así consecutivamente. Hasta que se pierden las letras y la mediocridad de pronto es una destreza, a todos nos enseñaron a asentir con la cabeza.

El capitalismo arrasa con el libro que no podés terminar de leer.

Los días pasan y te quedás en la página 55, entonces todo explota y estás ahí, en la misma frase retórica, odiando al mismo personaje, buscando finales, encuentros, desconciertos. Buscándola a ella en un laberinto lleno de serpientes y silencios.

La vida camina, te levantás, vas a orinar a las dos de la mañana, te ves las ojeras en el espejo.

Te precipitás y te tomás un trago del vino que tenés abierto hace un mes, tu habitación es una nube de humo y la constelación de tu cama ya no descifra a Saturno, ni a tu forma tan extraña de querer.

Te volvés a dormir.

Te despertás y sos lo que sos, con todo y ojos rojos, con todo y rencor, con todo y el exceso de consternación.

Te califican por competencias y sin practicar, con shots de dignidad, aprendés a hablar. Lo explicás todo tan minuciosamente, que quieren invertir nueve horas, en el mismo lugar, con vos. Pero tenés atorado entre pecho y espalda el repertorio de palabras que nunca pudiste articular. Terminás la última llamada y te vas. Te querés extinguir. Fumás.

Nunca fuiste valiente. Se te dificultan las tormentas. Te vas antes de tiempo. Sos un ser tan efímero como perpetuo. Te duele por todas partes, pero te repetís de camino al laburo, que todo irá bien. Ya qué.

Encendés tu dispositivo electrónico favorito, escuchás a Yann Tiersen y te ponés a escribir cosas como ésta, que solamente vos entendés. Te la pasás inmortalizando gente muerta. Nunca sabés servirte la medida exacta de Fernet.

 

Los días pasan y seguís en la página 55, te desesperás, no le hablás a nadie. Sos la delgada e ineficiente línea entre el arte y el desastre.

 

Un día cualquiera, te pensás muy fuerte. Cambiás de libro y aunque se te rompe el corazón, no hay cuerpo que aguante no pedir un deseo en la página 55.

 

Dejás de leer, no volvés a escribir. De vez en cuando sos feliz.

 

Tu habitación nuevamente es una nube de humo, te perdonás.

 

Volvés a huir. Te arrinconás.

 

Te consolás con tres frases de Bukowski y te empoderás.

 

Te vas. Para siempre, te vas. 


viernes, 12 de mayo de 2017

Bogotá






A Bogotá le faltan un par de buenos parpadeos para abrir bien los ojos, se cruza de piernas y llora todo el tiempo. No me aturde, yo me uno al desconsuelo.

Su agridulce textura y sus grises en exceso, enamoran a cualquiera que cante con menos intensidad cualquier acento.

Bogotá se pasea colonial y desalmada, con sus Dalí originales y sus desayunos de Botero por La Candelaria.

A veces la veo triste, sin embargo, cada primero de mayo se defiende, Bogotá marcha por su libertad, aunque sus avenidas estén llenas de seguridad social impertinente.

Bogotá se rasca los ojos frente al sistema y amanece sintiendo que cualquier cosa vale la pena.

Explota, pero ya no explota entre bombas y violencia. Explota entre libros, música de fiesta y un Juan Valdez por la Carrera Séptima.

Larga, oscura, desvalorada, con sus abrigos lujosos y sus pantalones rotos, Bogotá es cómplice y víctima de cualquier antojo.

Bogotá tiembla de los nervios y pide una Club Colombia para empezar, prefiere caminar de la mano y soñar, Bogotá no deja de soñar.

Siempre aperezada le abre su corazón a cualquiera y luego desfallece otra vez, casi siempre cerca de las tres.

Bogotá, con su otoño que parece invierno veteado con primavera. Me anima a convertirme, me da una cachetada y me obliga a redimirme.

Me da un beso cerca de los labios y me guiñe, porque esto está empezando y yo, como Bogotá, también quise morirme. 


miércoles, 8 de febrero de 2017

La herida


Soy la herida, de pies a cabeza. La herida que merienda tormentas y aprende a vivir sin poder ser, sin perderse y desaparecer.

Soy la herida en almíbar, soy la musa de mujeres que escriben de vez en mes.

Soy la herida que recién duchada reparte besos, versos que saben a whisky y a placer.

Soy la herida muriendo a carcajadas, soy un buen chiste con un triste ayer.

Soy mis musas, llorando en un rincón, soy el mejor de sus amores transformado en destiempo y desacierto.

Soy la herida capitalizada y bohemia, que transforma caderas en poemas, que se inventa sobrenombres sin destreza. La herida que se empeña en calzar nueve horas al día, a veces diez. 

Soy la herida, también soy tu sonrisa, esa sonrisa tuya, con la boca entreabierta y esos ojos de querer.

Soy la herida, también soy la nostalgia que te corre por las venas. Tu mala mujer. Tu menester.

Soy la herida, también soy el bolero de tus sueños, sueños satanizados, sin embargo, recurrentes.

Soy la herida, pero también soy abril, también soy una cancioncita mexicana y una cerveza colombiana.

Soy la herida, en tu boca, soy maldad con sutileza, un champagne francés que cayó por el balcón de tu inocencia.

Soy L'enfant terrible, soy el maridaje, soy lo que querás, la herida no deja de doler. 


sábado, 10 de diciembre de 2016

Goteras


Parte IV


Abra una caja de vino barato, asuma su derrota, desee descontroladamente su lengua en la mandíbula de esa mujer. 

Tome un trago y busque comodidad. La reconstrucción está a punto de empezar.

Enrole un porro, ponga una canción triste y escúchela por los próximos seis meses, hasta que no le provoque llanto. Evite leer un Best Seller, evite BBC, deje la escalinata de lado. 

Caiga en coma, sea un recoveco.

Conozca mujeres, levánteles la falda, beba, finja que logra existir. Al final de la noche puede llegar a su cama a ser infame y febril. Infeliz.

No le cuente a nadie, llore en silencio, delire, usted tiene derecho a soñar  que repentinamente, va a llegar. Sea parte del suelo, déjese morir.

Dúchese repetidas veces, con manzanilla, con whisky, con sal, piense que de pronto, en algún momento, el olor de esa bendita carne, cesará. Aunque usted desee lo contrario.

Caliente dos litros de vino, con naranja y canela, tome hasta perder noción de cielo, tiempo y tierra. Camine por ciudades desconocidas. Ría con y de los demás. 

Evite las ayudas clandestinas. Pague cenas caras, compre shots para toda la cantina.

Revuelva su dignidad con insalubridad.

Llore luego de un orgasmo, lea, ódiese, subraye. Háblele bonito a cualquiera, reparta besos con sabor a incierto, a mentol.

Compare su historia con la de los demás, brinde consejos, lloré una vez más.

Ella se fue, ella, aparentemente, no volverá. 


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Goteras


Parte III

Nunca voy a ser la que cante “es un buen tipo mi viejo…”

Con las palabras se me fue el pigmento, perdí a mi primer amigo aproximadamente a los ocho años, y al menos dos veces al año, se me pasan por la cabeza, todos esos episodios borrosos, esa infancia con dolores auditivos y comparaciones sin certeza.

Mi primer amigo, me enseñó a cruzar el pasamanos y a encestar, sin importar que tan altos estuvieran los aros de mi realidad. Me enseñó la cantidad de perfume perfecto que debo usar y en alguna recaída, a remojar el habano en coñac.

También me enseñó que la vida de juego no es juego y que hasta el amor más sincero puede ser carnicero.

Dicen que caminamos igual, pero, somos caminos diferentes. Y yo le deseo la suerte, la que casi nunca merece.

Nunca le había pensando con resignación, pero acabo de llegar a una edad en la que es demasiado difícil soñar.

Olvidé mi apellido y perfeccioné su andar, me tomo mis tragos sin traicionar y camino sin culpas por cualquier ciudad.

Soy un instante, un desprendimiento emocional constante, pero sé mantener las copas servidas y he ido conociendo el secreto para recuperarme.

Las horas pasaron, los años transcurrieron. Y con todo respeto, no, no es un buen tipo mi viejo.  

martes, 2 de agosto de 2016

Borrador 1


"Y en las multitudes, la mujer que yo amo."


Yo quisiera hablarte de todos los versos que he contado, de mis mentores, de mis clases de literatura a las que nunca he ido. 

Quisiera levantarme en las mañanas, caminando por casa, diciéndote que el sistema no nos interesa, porque tenemos mis letras, los libros y tus bragas.

Yo quisiera decirte que quiero medirlo todo en métrica, pero, sería mentirte, yo escupo letras que no calzan en concursos de poesía. También quisiera hablarte de mis amigos, pero más de la mitad ahora son traidores.

Quisiera detenerme en casa de tu madre y decirle que estamos bien, que vivimos soñando, que no tengo ojos para nadie más, que la vida marcha porque vivimos de marcha, que nos amamos porque el arte y el vino nunca faltan.

Yo quisiera decir tu nombre en voz alta como si fuera la cura para el cáncer, caminar detrás tuyo, no para que pensés que sigo tus pasos, porque lo que sigo, son tus caderas.

Quisiera apasionarme lo suficiente para tener valor, pero no puedo apagar la lamparita, estoy asustada, esta sociedad es un panteón. 

Quisiera decirte que todo estará bien, pero el calendario y el reloj me dicen lo contrario. Y yo a vos no te puedo mentir. Yo a vos te amo.