miércoles, 5 de junio de 2013

Jaque mate.


La he visto a media luz, impactando mi mirada con esos ojos de cielo, irrumpiendo entre mis piernas como diosa y señora, como propietaria absoluta de la pretina que sostiene los espasmos recurrentes y el desvelo.

La he visto mientras me exige hacerla mía, justificando mi experiencia con el acercamiento de sus caderas, hallando las frases perfectas para que yo pierda conciencia, empapando hasta la emoción más modesta.

La he visto mantener la compostura, mientras disimula al saber que me muero de las ganas. La he visto desesperada, alejando todo acercamiento ajeno con una presencia indiscutible, como si mi vida fuera para ella la mayor de sus hazañas.

La he visto tragarse su orgullo ante uno de mis acercamientos, en esos instantes en los que no nos queda más que formar parte de un mundo embustero.

La he visto mientras planea golpes bajos en mi contra, sin embargo, también la he visto mientras se contrae para darme uno de esos besos insanos, extensos, siniestros, exquisitamente mundanos y certeros.

La he tenido frente a mí, con sus piernas cruzadas y ese encanto, combatiendo en pro de la inmortalidad, viviendo al ras de un precipicio, absorbiendo mi aroma mientras la noche nos encuentra para sanar uno de mis juicios.

La he visto volar y ha volado a mi lado, como quien no perdona la fragilidad de los sueños, como quien no le teme a mis letras ni a mi reputación, como quien me tiene en sus manos y no.

La he visto ser, la he visto sabotearse, desdoblarse, engañarse. La he visto detenerse con tal de no perder, como si tenerme resultara una mala partida de ajedrez.

He sido parte de sus lapsos de ternura y arrebato, he tenido sus manos penetrándome el cansancio y sus pupilas muriendo en medio de placer, renaciendo en contradicción, con la ambigüedad siempre a flor de piel.

Ella sabe acapararme entre cuatro paredes, sabe el punto exacto en el que pierdo el recato, seguidamente de eso, la acorralo, la necesito, la desarmo.

La he visto amenazante ante el amanecer, como si supiera claramente que tenemos que reincorporarnos sin querer.

Nos abrochamos las necesidades, nos acomodamos la rutina y salimos a la calle con una desajustable misantropía.

La disipo entre mis manos, la convierto en letras, la ajusto abstracta y complaciente, el Olimpo se confunde y mi espacio terrenal se estremece, es un jaque mate a nuestra suerte, la transparencia se desprende y formamos parte de una dimensión trascendental y consecuente. 

viernes, 24 de mayo de 2013

A quien interese:


Detrás de cada sonrisa de complicidad se encierran lapsos de maldad, sus recintos son sumamente distintos a los míos, sus espacios son desajustables, tanto como mis instintos.

¿No ha sentido el impacto de su mano sobre la mía?

No es opcional, volar no es una cuestión cuestionable, pero a base de caída libre dudo que ir más allá sea razonable.

¿No ha visto su reacción cuando quien se aproxima a su costado soy yo?

El tiempo es un reloj de arena mal acostumbrado a su postergación, a mi inútil idea de dejar fluir la tempestad y cuando todo se corrompe, yo me voy por mi lado, usted busca un remanso y la noche muere tempestuosa ante el cansancio.

¿Acaso le parece casualidad como se queman sus sábanas, como se le agudizan los sentidos, como pierde la calma, como la madrugada acaba entre gemidos?

Yo no tengo vida para cobranzas, mi tacto es la insondable muestra de añoranza.

El silencio infame se posa sobre la exaltación de mis labios acercándose a su cuello, sobre sus latidos alterados ante la sublime pasión y el agetreado desconsuelo.

Yo me estremezco, no soporto desear tanto esta contrariedad. Usted se agita y no sabe como sostener tanta ambigüedad.

¿Acaso no le parece que el arte se mezcla, que las emociones se condensan y que a contracorriente se acumula esta represa?

Al escribir una bomba nuclear siempre se espera que al final estalle un corazón. Usualmente el que estalla es el del escritor.

Se acaba esta sublime pincelada de su cintura multifuncional, se opaca temporalmente la accesibilidad y que sigan los transeúntes, todos arruinando la deliciosa confabulación, todos saboteando la intensa perturbación de su mirada estrellándose contra la mía, de su madrugada ajustándose a mis caricias.

Que sigan los transeúntes, usted y yo nos estancamos a saco y a inmoralidad.

Que sigan los transeúntes, yo por mi parte no me alimento de lo mortal.


lunes, 29 de abril de 2013

Mujer destino


Una mujer es cosa del destino y mi destino siempre desemboca en sus caderas.
Directo al cerebro, nunca al corazón.
No logro apartarme del deseo de sucumbir ante el candor.
Una mujer es destino y mi destino siempre acaba pidiéndome que le quite la ropa, que le quite el tedio, la costumbre, la contradicción.
¿Cómo se puede volar mientras la emoción tiene los pies sobre la tierra?
¿Cómo acertar si el único contra de tenerla conmigo es que no tengo ningún pro?

La vida transcurre sin la sana evolución de la pasión, la vida se estanca contrariada.

Me desentiendo completamente de ilusiones y lamentos, le tengo tanto cuidado al tiempo.

La vivo, sin buscarlo ni intuirlo. La muero, entre agitados bullicios.

Todas las drogas sobre la mesa, incluyéndola a ella.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Demais


Porque sus ojos al mirarme siempre van más allá de mis pupilas, como un encuentro místico entre la contrariedad y la indeseable rutina.

Porque mis labios censurados besan cada leve acercamiento de su aroma.

Porque mis brazos acorralados sostienen siempre un trago en vez de su cintura multifuncional.

Porque la magia fluye insana, la vida no basta y las frases me atrapan angosta ante la intimidante jornada.

Porque la brindo, la fumo, la elevo. Porque cada sorbo a su nombre invoca un nuevo ritual, una locura abstracta entre realidad y fantasía a medio terminar.

Porque no logro alcanzarla y sin embargo, no lo dejo de intentar.

Porque la muerte es avara y yo me la juego de infame ante su presencia tan letal.

Porque hay emociones que van siempre más allá de la tempestad.

Porque sonrío de más, porque lato muy fuerte, porque no sé hacia donde caminar.

Porque al verla dormida sobre mi piel, he comprendido que la inercia a veces cae bien.

Porque lo considero una acción forzada, buscar desintoxicarse de mí sin desear hacerlo.

Porque  la mañana es incolora.

Porque la tarde se desliza acostumbrada.

Porque la noche y la madrugada son una lluvia de sospechas agraviadas.

Porque la magia es demasiada pero nunca un exceso.

Porque ella va más allá de cada una de las células que presumen andar al compás de los demás.

Porque  ella no me cabe en palabras. 

Porque ella es más que prosa, más que poesía, más que eternidad.

Porque ella es la sublimación de mi realidad.

Porque ella es la utopía realizable, la mengana distante.



miércoles, 23 de enero de 2013

Pre/Post/Sentimiento.


De antemano te recuerdo que no soy disciplinada emocionalmente, que suelo sentir a infierno abierto.

Esto es una revolución de sonrisas furtivas, un triatlón de confusiones, una mezcolanza  de actividades recreativas que no recrean.

No llegaste detrás de un milagro, llegaste detrás de una tormenta. No por eso te quiero menos, pero que decisiones las mías más ineptas, tan poco ajustables a las realidades inscritas y correctas.

Pobres los que viven a medias, yo me jodo completa y estoy orgullosa de mi insalubre indecencia, de esto que me llena y me mantiene cual atalaya, en una batalla que perdí hace tiempo mientras tus labios irrumpían en mis actualidades maltrechas.

No tengo nada de que hablar, necesito la paz que no he tenido jamás, necesito el silencio que me estorba tanto, necesito todo pero al final siempre negaré cuanto necesito uno de tus remansos.

No detengas el paso, no quiero que lo hagas por más que lo desee, no quiero que me quieras y que al final del cuento yo sea tu asesina. No detengas el paso, que a fin de cuentas en sitios ajenos sé que desearás uno de mis abrazos.

Tengo un listado perpetuo de emociones que ya no quieren saber de ti, sin embargo, te reclamo todas las noches, te adapto a mi impulso inhumano, con tu sonrisa atropellada por los desengaños, con tu mirada horizonte, con tus esquinas rotas, con la exquisita amargura de tus labios.

No soporto las cuentas regresivas, las despedidas prolongadas, las emociones efímeras, las palabras irrealmente enamoradas, no soporto mis formas de despedirme, mis letras agonizantes, los golpes distantes que desearás darme.

No soporto no tener una solución optimista, pero se nos acaba la vida y no planeo morir si no es entre tus piernas. Y me dirás masoquista, pero ese es mi problema y el tuyo es que a mi lado cicatrizas, y es que claro, no hablamos de amor, solamente somos el mutuo presentimiento de la sublimación.

El próximo paso es quererte más de lo que ya te quiero, no sé si te lo he dicho, pero no le temo a tus pasos ni a mi silencio, no le temo a ningún mortal indiscreto, simplemente no le digas a nadie que te mueres por ser mía, yo no le diré a nadie que salivo en exceso cada vez que recuerdo el impacto de tus dientes en mi cuello. 

Es momento de admitirnos entre caricias, esas caricias que estallan mientras aruñas mi espalda, mientras hacemos de las millas la menor de nuestras distancias.


sábado, 5 de enero de 2013

Un blues acostumbrado




Nada tiene forma definida. La noche transcurre, me escurre. Pierdo noción del tiempo a tiempo.

Me mantengo ecuánime y asustada. A veces alerta, a veces indiscreta, a veces despreocupada y a veces, a veces simplemente me revuelca la noche mientras espero que me retuerza la mañana.

Necesito un baño de ginebra, una bestialidad de esas que me hacen distorsionar la perspectiva, ojalá mi última misantropía.

Desearía comprender la fragilidad de la afinidad, desearía raptar cada tacto, pero es tarde, todos los errores ya han sido cometidos sobre una cama de desencanto, sobre esta realidad absurda y este sentimiento tan bizarro.

Necesito un rescate que no sea a medio acabar.

Me siento como una figura literaria, como una oración con verbos en infinitivo, me siento como todo eso que sientes por mí, como todo eso que ni siquiera deberías percibir.

He agudizado todos mis sentidos, se me han helado las costillas y mis emociones se han repartido en cada uno de mis naufragios, es demasiado tarde para que vengas con tus presagios.

Es demasiado tarde y yo no tengo ni la más mínima gana de hacerme la buena entre tanto sacrilegio. Tú puedes fingir, tienes todo el derecho de sustituir emociones por presencia, a fin de cuentas ni siquiera soy la mujer perfecta, solamente la mujer que te llena de sueños e insurgencia.

No está mal si te sientes tan miserable como yo, existen fármacos genéricos, tan genéricos como mis fines de semana, tan genéricos como cuando planeas la mejor de tus miradas para pasar desapercibida, mientras te arrastran mis pupilas lejanas.

Es hora de vestirse. Es hora de marcharse. Es hora de diluirme infame. Tenemos derecho de amanecer en la cama equivocada.

Es hora de brindar. Es hora de reír a carcajadas. Es hora de gestionarse. Tenemos derecho a sentirnos a bocanadas, a ser la brevedad eterna, a ser el reloj con arena húmeda entre trincheras. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Imán.


¿Alguna vez te han dicho que sos la magnificencia del ocaso hecha mujer?

La mañana despierta, tan densa y agotada como vos. Con tu voz de domingo lluvioso, tierno, acogedor.
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Buscás siempre la forma de que hasta el mismo “buenos días” se impregne en el corazón, encontrás los motivos para ofrecer en todo momento una sonrisa de esas, creadas a perfección de Dios. 

El día transcurre, el tiempo se extingue en un santiamén y mientras yo pienso que estoy más íngrima que ayer, vos venís con una de esas respuestas, inconcretas e incorrectas, pero siempre justas, siempre verdaderas. 

La tarde se aproxima y yo me abarroto de esa alegría, esa tuya. Esa que exclamás cuando al recibirme se te dibuja una felicidad inigualable, como si trajera buenas noticias conmigo, aun sabiendo que la buena noticia sos vos. Siempre vos.

¿Alguna vez te han dicho que tus brazos son las saetas que exterminan la desolación?

De pronto me tenés rodeada, me resguardás de toda la incompetencia humana, me protegés del destino y sus absurdas proezas, sus desgastantes patrañas. Mi burbuja, mi válvula de escape, mi guarida secreta.

La noche se aproxima, la copa te la lleno yo. Brindemos por el llanto de felicidad, por esas frases asertivas, por la eterna complicidad. Brindemos por favor, porque sos la recompensa perfecta cada vez que la intransigencia me intercepta.

¿Alguna vez te han dicho que sos justa y necesaria?
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Bienvenida a la eternidad mi amor, a partir de hoy sos explícitamente inmortal, a partir de hoy me agrandás de mil formas nuevas el corazón. 

A partir de hoy la belleza de tus comillas se multiplica, la grandeza de tu inocencia se maximiza en una burbuja abastecida de esencia perpetua. 

A partir de hoy no sos buena ni mala, simple y sencillamente sos mejor, superior a los criterios a destiempo, superior a los rostros que dibuja el mal tiempo. 

A partir de hoy sos una viva imagen de la evolución del cosmos, una esperanza nueva en este mundo y su falsedad sin tregua. Porque existís y que buena suerte la mia, existís y yo tengo la inigualable dicha de caminar con vos  por las avenidas. Enhorabuena mi vida, sos la luz que siempre satisface, siempre ilumina.

PD: Für immer.
PD2: Por mi culpa.
PD3: Vos y esa preciosa energía.
PD4: Palmeras, limones, sal.
PD5: Vos, conmiguito.