martes, 24 de septiembre de 2019

24 de septiembre, 2019


Encontré a Tamara en la mañana, con una de sus manos encubriendo su llanto y con la otra sujetándose el pecho.

Ella siempre ha sido así, de pronto me despierto, escojo mi mejor camisa y me preparo para un día de juntas y por más que lo intento, nada de lo que hago la satisface. Para ella, toda la semana es domingo por la tarde.

Y es que de verdad no la entiendo, nos ascendieron, tenemos buen whisky y anoche el sexo fue espléndido. Sé que no le gusta madrugar, también sé que le encantaría estar con una persona distinta, pero no puedo complacerla con eso de leer todo el tiempo y amar desaciertos. Ya la pasamos bastante mal, no soportaríamos otro pasaje al infierno. Una relación un poco más transaccional, nos permite concentrarnos.

Una de nosotras, que no soy yo, ni ella, lo convirtió todo en faena. Nos llevó de bar en bar, nos hizo sucumbir ante vicios, y es divertida, es muy sociable. Sabe expresarse y moverse, como casi nadie. Pero no entiende de poemas, se la vive de cama en cama, tiene ese algo en las manos, provoca ese otro algo con sus labios, tiene garganta de diosa y despierta sin entender su intransigencia, con las bragas en la mano y al borde de la tormenta.

Tamara normalmente no reacciona bien cuando esas cosas pasan, se toma cien miligramos de Tramadol y se desprende por horas, se desdobla, se detiene, mientras yo recojo el desastre. Y no es que me moleste, pero estoy demasiado ocupada como para que ninguna de las dos ponga de su parte. Se está acabando el licor y me duele la pierna, necesito sedarnos de alguna manera.

Estoy buscándole boletos de avión para que vaya a Buenos Aires, yo ya le dije que eso no la va a resucitar, pero tampoco soy nadie para aplastarle la esperanza. A veces siento que Tamara, en cualquier momento, podría enviarnos a la mierda. Y con toda la razón.

Verla así en la mañana, provocó que me fuera a la oficina pensando en esos ojitos tristes ¡Pobre Tamara! Ya ni siquiera el buen vino la ablanda. La invitaré a una milonga, probablemente eso la distraiga. A veces le hago promesas y el trabajo me atrapa, ya luego, llego muy cansada e ignoro que quiere arte y se va con un sinsabor a la cama ¡Pobre Tamara!

jueves, 14 de marzo de 2019

Song for Tamara


He empezado a comparar todo con un improbable equinoxio.

La eternidad ahora tiene medida y relaciono con algo distinto tener el “corazón roto”. La poesía colapsa, colapsan los elogios, algo se apaga y la música deja de sonar, como si partir no doliera ya, como si aceptar la revolución de la ausencia, fuera la única forma de ser parte de la hoguera.

Dejar de ser noche para ser punzada, dejar de ser risa para respirar. Dejarse ir, con los latidos en las pestañas y las despedidas juguetonas de quien abraza la distancia.

Emborracharme hasta calmar lo que sea que esté pasando dentro de mí, eso que no es médicamente comprobado, pero que retumba cual huracán. Como si no tuviera solución, como si fuera emocionalmente terminal.

Desvariar, pedirle perdón a la de cuatro años atrás, desdoblarme y estrenar los libros que pensé no tenía tiempo para succionar. Decirle en el oído a la vida, que a partir de hoy ya no me la quiero solamente tirar.

He empezado a pensar, que el ocaso es la brutal impertinencia del destino. Que las manos dejan de ser manos y que las caricias se disparan en la sien de los que esperan desaparecidos. Ya no conecto la cabeza con los suspiros.

No tengo tiempo, tampoco tengo frío. La madrugada ha comenzado a tictaquear.  Las frases de Pizarnik ya no parecen tan mala idea en medio de Central Park.

¿A qué le tengo miedo? Ilesa no podía salir, jamás.  


jueves, 27 de diciembre de 2018

Sevilla





Todas esas son tú y no eres ninguna. Piedad Bonnett.

(Léase con un flamenco de fondo)

En Sevilla llovía como aquella tarde en la que no volví a pronunciarte, yo no era nadie, pero las paredes del aquel hotelito en Calle Daoiz 5, me refrescaron un poco la memoria, me atravesaron como flor de amapola.

Recesiones espirituales y duelos en forma de acertijos, aviones mal tomados, universos separados y ocasionalmente incomprendidos. 

Cualquier estación de tren y toda esa adrenalina que provoca no saber hacia dónde correr. Todo eso era yo, pero yo no era nadie.

Yo era un manojo de poemas inconclusos y sin una jacket impermeable. Vos fuiste cada esquina, en medio de un aquelarre.

Las guitarras sonaban por todas partes, las gitanas fingían estar expectantes y yo bañada en tormenta, en Oloroso de Jerez. En esas ganas de volverte a ver.

Después de vos, Sevilla, cortándome la voz. Pidiéndome decir su nombre a gemidos y con la latina convicción que le provocaba espasmos. Yo era un atragantado jaleo indecente. Yo era su milagro.
   
Sevilla no dudó en hacérmelo bien, tanto, que no puedo volver. Me sentí tan cerca de Bécquer, tan próxima a esas callecitas por donde no pasan los coches, tan tuya y del mar, que no hacía otra cosa que no fuera palpitar.

Estuve tan viva, que quise morirme antes de acabar.

Y es que es en serio, las guitarras sonaban por todas partes, las Setas de Sevilla se afincaban sobre mí. Pero yo, yo estaba tan lejos de sentir, tan cerca de hincarme y rezar, para que Sevilla fuera vos o para que vos fueras mía una vez más.  


martes, 21 de agosto de 2018

Acuario


21-08-2018
20:22


Acuario:

¿Te acordás cuando en los programas de radio Libra le dejaba mensajes a Acuario y viceversa?
Pues eso, Libra llamaba a la emisora y decía algo así como:

-“Acuario, no sé si estás en sintonía, solamente quería decirte que te extraño.”

A veces Libra esperaba respuesta por días, pero cuando Acuario aparecía, le volvía el alma al cuerpo. Y viceversa.

Quise escribirte a mano, porque vos y yo, somos lo más a la antigua que conozco, pero ya has visto lo capitalizada y candelarizada que se encuentra mi existencia, de igual forma, deslizo mis dedos sobre este teclado, a como los deslizaría si pudiera abrazarte.

He escuchado la canción que me enviaste aproximadamente unas veinte veces, sigo sin entender la letra, pero recuerdo tu voz ronca traduciendo absolutamente todo y se me forra el alma de ternura.

Me tenés sumamente conmovida, no entiendo qué sucede, pero encendiste unas cuantas luces, ahuyentaste a un par de fantasmas, leíste para mí, me acompañaste a dormir y fuiste transparente como el agua de manantial ¿Cómo querés que olvide este huracán?

Parece ser muy oscuro, pero cuando desaparezco todo y te imagino en nuestro rincón, la magia es arte, porque la magia sos vos.

Estoy asustada, me juré a mí misma que nada me podía doler, pero hasta la más fiel melodía sabe perforar la piel. Y no es culpa de nadie, es parte de la irracionalidad humana, de esa gravedad que no podemos descolgar de la ventana.

Y no Acuario, yo no beso así a cualquiera.

                                                                                                                                                                            Libra.

martes, 14 de agosto de 2018

Adéu


Un piano se escucha a lo lejos, no sé si son tus pupilas danzando o mi quiero, tocando la puerta.

La noche está abarrotada de ternura y yo, yo me he contenido de decirme a mí misma, que los límites están aquí en la tierra, que allá en mi planeta, no soy una mujer de la vida alegre, solamente soy la niña que aprendió a volar. Y si fuera puta ¿A ustedes qué más les da?

Pienso constantemente en la distancia, en los aeropuertos que gritan los nombres de las ciudades donde me podría instalar.

Pienso constantemente en mi hogar, en los naranjos japoneses que pondría en la puerta, en los cuadros, el mural de tarjetas postales y las sábanas blancas. En los libros, el olor y en mis ojos caídos, pidiéndome perdón, casi siempre a las tres de la mañana, sin contemplación.

Un vendaval se aproxima ¿No lo escuchás? Son los jinetes del apocalipsis, obligándome a evolucionar, porque se viene lo inevitable y no he hecho el brindis final, no he dejado de reprocharme la parsimonia de mi despedida astral, quise tirar las puertas y escupir el asfalto. A cambio de eso, lloré sosteniendo mi planta y mi litro de licor. Así es el amor.

Esto es una subasta, tengo para ofrecer unos ciento cincuenta escritos y una piel con retazos blancuzcos,  gritos silenciosos y lágrimas de emoción. Tengo un catálogo de futuras arrugas y un diccionario de palabras que me invento cuando no tengo con quien hablar. También presumo de ser propietaria de un Océano Pacífico de dudas y monólogos alcoholizados que siempre dirán que el amor es otra cosa, porque vamos, el amor es en definitiva, otra cosa.

La vida es esto, pero el amor tiene un corazón de balanza que tiembla de temor, se hace pequeñito y agradece la intención. El amor no sabe para dónde voy, pero me frota la espalda y me dice suavecito, no pasa nada tonta, voy con vos.

-Pasajeros del vuelo IBE5050, con destino a la ciudad de los petons, por favor, tengan sus documentos en mano, dentro de poco les llamaremos para abordar.

Se escucha un arrabel de fondo, no sé si es mi destino final o mis manos encendiéndose una vez más, pero suena a tentación, suena a la salvaje espera de mi constelación. El bullicio se emancipó, no pasa nada tonta, voy con vos.


domingo, 13 de mayo de 2018

Blue-s Monday





Ojalá todo fuera tan urgente como para detener mi acelerada escalinata, y pedirte que seas mi galleta de la suerte. 

Quisiera que mañana por la mañana, besés la comisura de la dramática persecución de nuestras almas, porque no descanso desde aquella tarde que dejaste de darme infancia.

Ya sé que muchas veces dije poder dibujarle metáforas a tus pestañas, en las buenas y en las malas. Pero la mancha del mantel, ahora es tan grande, que decido ponerle a esto, nombres médicos y no títulos impronunciables. Impronunciables como tu apellido de cincel, como la tarde en la que no te volví a ver.

Este tipo de ausencias interminables, carcomen el espasmo ocasionado por el arte, como si la literatura tuviera la culpa de nuestra desgracia, como si yo tuviera la culpa por estar inhabilitada, casi enrollada, y con unas ganas arrastradas de jadear tu nombre por las madrugadas.

Mi madre dice que soy imposible, empiezo a creer que la ermitaña sensación de tu partida es eso, una serie de imposibilidades numeradas, clasificadas por color y por género musical, cada una con un sello de pasaporte, porque ahora mi hogar está lejos de aquí, porque mi guarida no es tu calle sin salida. Porque ya no quiero huir, simplemente me quiero ir.

La bravura que se encierra en el desenlace, trae siempre consigo una soledad acompañada, casi ilícita, pero ahora, los brindis con whisky me recuerdan que soy efímera y que no soy de nadie, soy de algo, indescifrable algo.

En el sótano queda mi silencio carmesí, todos los demonios que no tienen derecho a revivir y ese nombre que no puedo siquiera decir en voz alta, porque me desangra.

No te distraigás, el amor no suele perdonar estas barricadas y yo ya no tengo edad para consentir desolaciones abrumadas, ya veremos que repara la mañana, permití que deje de soñarte, estoy cansada.

Hasta entonces.
Tamara.

sábado, 6 de enero de 2018

Circunstancial



Sus musas nunca dejaron de ser sus diosas, les colocaba un nombre distinto, las inmortalizaba, noche a noche las arrinconaba contra una pared, y les daba lo que merecían, porque lo que merecían no era solamente placer.

Procesaba a diario la buena ortografía como entremés, sabía la cantidad de tragos exacta, arrollaba un porro y prendía en fuego la noche, la convertía en un poemario de Whitman y en una canción como Derroche. Se sabía el juego de memoria, le gustaba perder, nada que sus brindis no pudieran resolver.

Cuando las letras estaban por agotarse se sentía asaltada, miraba de reojo a cualquiera y por media mañana, sus ataques de pánico la acorralaban, no sabía si quedarse, no sabía si irse, muchas veces solamente sabía venirse, cegada por el arte, ahorcada por el desastre.

Recomenzó una cantidad de veces descomunal y recordaba a su profesora de historia, cuando la comparaba con un fénix, pero la realidad de cada comienzo, siempre venía acompañada de una nostalgia incalculable, de la módica suma de trillones de desencuentros emocionales.

Su nobleza y su extraña maldad, muchas veces fue sexo, muchas veces, sin querer queriendo fue verdad, pero otras tantas fue mártir de su aparentar, de sus silencios decisivos y su costumbre de escapar, pero escribía, se lograba desdoblar, cóncavo, convexo, circunstancial.

Lo que le queda, lo tiene en esas manos, que si algo saben hacer es redactar y acariciar. Lo que la mantiene es ese caos, esos deseos incansables de migrar, y la torpeza que se niega a abandonar.

Y si te la encontrás por la noche, no la dejés adentrarse, te va a ofrecer un trago y se lo vas a aceptar, vas a querer ser papel y te vas a arrepentir diez minutos después. No la dejés ingresar, porque aunque se vaya a marchar. Vas a querer que te lea, una y otra vez, y otra vez hasta acabar.

Podés ignorarla, podés fingir que no existe o no está, también podés optar por sentirte viva una vez más.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Guadalajara I


"Jueves de martes amargo."

He intentado escribirte en múltiples ocasiones, Guadalajara, sin embargo, de cuando en cuando pienso, que no hay palabras que logren describir que de todas mis muertes, vos serías la muerte que me haría resucitar. Me recuerdo, me acojo, me despojo, te halago, te hago titubear.

A diario me exijo ser sutil, sin embargo, me ahogás en mezcal, me convertís en monólogo y no puedo pensar, algunas veces me enciendo, otras, me quiero suicidar.

Algunas veces, entre música y algo más, hacés que me tiemble el alma y no es que esté mal, pero si me convertís en arte, no te vas a querer detener, no vas a poder parar. Vas a ultrajar el resto de sensibilidad que me permite palpitar. 

Sos olor de otoño, sos las mejores lunas de octubre, y entre aparentar, sos el aroma a lluvia que me hace bailar, a deshoras y con tragos de más. Y aunque no haya aguacero, sabés cómo mojar la subterránea realidad, no sabés lo que hacés, pero de vez en mes, lo hacés bien. Te aplaudo el logro y te provoco brindar. 

Te permito sentirte única, porque sos única, digan lo que digan en cualquier avenida principal. Te dejás ser melodía, te queda la inocencia suficiente como para arrugar la nariz al reír, y abarrotar de ternura cualquier lugar, sos mujer, tan mujer que has permitido que te igualen con todas las demás. 

Pobre de vos, Guadalajara, te han vaciado entre comparaciones y malos repertorios, te han enjuiciado con todo menos con tus propios demonios.

No sos tan mala como cuentan, ni tan surreal como pensás, pero sos Guadalajara y a vos hay que saberte murmurar.

No sé dibujar corderos pero soy experta en ambigüedad, reparo las manijas del reloj pero el tiempo me cercena a la mitad.

Un whisky a la salud de tus desembocaduras, Guadalajara, me prometo regresar. Soy viernes y eso nadie me lo puede refutar.

Porque fue un jueves de martes amargo y yo no estaba lista para regresar, nunca más.

lunes, 7 de agosto de 2017

Page 55.


A las manos les falta la espalda, al olfato ese olor, al riñón el licor, al colchón los cuerpos y así consecutivamente. Hasta que se pierden las letras y la mediocridad de pronto es una destreza, a todos nos enseñaron a asentir con la cabeza.

El capitalismo arrasa con el libro que no podés terminar de leer.

Los días pasan y te quedás en la página 55, entonces todo explota y estás ahí, en la misma frase retórica, odiando al mismo personaje, buscando finales, encuentros, desconciertos. Buscándola a ella en un laberinto lleno de serpientes y silencios.

La vida camina, te levantás, vas a orinar a las dos de la mañana, te ves las ojeras en el espejo.

Te precipitás y te tomás un trago del vino que tenés abierto hace un mes, tu habitación es una nube de humo y la constelación de tu cama ya no descifra a Saturno, ni a tu forma tan extraña de querer.

Te volvés a dormir.

Te despertás y sos lo que sos, con todo y ojos rojos, con todo y rencor, con todo y el exceso de consternación.

Te califican por competencias y sin practicar, con shots de dignidad, aprendés a hablar. Lo explicás todo tan minuciosamente, que quieren invertir nueve horas, en el mismo lugar, con vos. Pero tenés atorado entre pecho y espalda el repertorio de palabras que nunca pudiste articular. Terminás la última llamada y te vas. Te querés extinguir. Fumás.

Nunca fuiste valiente. Se te dificultan las tormentas. Te vas antes de tiempo. Sos un ser tan efímero como perpetuo. Te duele por todas partes, pero te repetís de camino al laburo, que todo irá bien. Ya qué.

Encendés tu dispositivo electrónico favorito, escuchás a Yann Tiersen y te ponés a escribir cosas como ésta, que solamente vos entendés. Te la pasás inmortalizando gente muerta. Nunca sabés servirte la medida exacta de Fernet.

 

Los días pasan y seguís en la página 55, te desesperás, no le hablás a nadie. Sos la delgada e ineficiente línea entre el arte y el desastre.

 

Un día cualquiera, te pensás muy fuerte. Cambiás de libro y aunque se te rompe el corazón, no hay cuerpo que aguante no pedir un deseo en la página 55.

 

Dejás de leer, no volvés a escribir. De vez en cuando sos feliz.

 

Tu habitación nuevamente es una nube de humo, te perdonás.

 

Volvés a huir. Te arrinconás.

 

Te consolás con tres frases de Bukowski y te empoderás.

 

Te vas. Para siempre, te vas. 


viernes, 12 de mayo de 2017

Bogotá






A Bogotá le faltan un par de buenos parpadeos para abrir bien los ojos, se cruza de piernas y llora todo el tiempo. No me aturde, yo me uno al desconsuelo.

Su agridulce textura y sus grises en exceso, enamoran a cualquiera que cante con menos intensidad cualquier acento.

Bogotá se pasea colonial y desalmada, con sus Dalí originales y sus desayunos de Botero por La Candelaria.

A veces la veo triste, sin embargo, cada primero de mayo se defiende, Bogotá marcha por su libertad, aunque sus avenidas estén llenas de seguridad social impertinente.

Bogotá se rasca los ojos frente al sistema y amanece sintiendo que cualquier cosa vale la pena.

Explota, pero ya no explota entre bombas y violencia. Explota entre libros, música de fiesta y un Juan Valdez por la Carrera Séptima.

Larga, oscura, desvalorada, con sus abrigos lujosos y sus pantalones rotos, Bogotá es cómplice y víctima de cualquier antojo.

Bogotá tiembla de los nervios y pide una Club Colombia para empezar, prefiere caminar de la mano y soñar, Bogotá no deja de soñar.

Siempre aperezada le abre su corazón a cualquiera y luego desfallece otra vez, casi siempre cerca de las tres.

Bogotá, con su otoño que parece invierno veteado con primavera. Me anima a convertirme, me da una cachetada y me obliga a redimirme.

Me da un beso cerca de los labios y me guiñe, porque esto está empezando y yo, como Bogotá, también quise morirme. 


miércoles, 8 de febrero de 2017

La herida


Soy la herida, de pies a cabeza. La herida que merienda tormentas y aprende a vivir sin poder ser, sin perderse y desaparecer.

Soy la herida en almíbar, soy la musa de mujeres que escriben de vez en mes.

Soy la herida que recién duchada reparte besos, versos que saben a whisky y a placer.

Soy la herida muriendo a carcajadas, soy un buen chiste con un triste ayer.

Soy mis musas, llorando en un rincón, soy el mejor de sus amores transformado en destiempo y desacierto.

Soy la herida capitalizada y bohemia, que transforma caderas en poemas, que se inventa sobrenombres sin destreza. La herida que se empeña en calzar nueve horas al día, a veces diez. 

Soy la herida, también soy tu sonrisa, esa sonrisa tuya, con la boca entreabierta y esos ojos de querer.

Soy la herida, también soy la nostalgia que te corre por las venas. Tu mala mujer. Tu menester.

Soy la herida, también soy el bolero de tus sueños, sueños satanizados, sin embargo, recurrentes.

Soy la herida, pero también soy abril, también soy una cancioncita mexicana y una cerveza colombiana.

Soy la herida, en tu boca, soy maldad con sutileza, un champagne francés que cayó por el balcón de tu inocencia.

Soy L'enfant terrible, soy el maridaje, soy lo que querás, la herida no deja de doler. 


sábado, 10 de diciembre de 2016

Goteras


Parte IV


Abra una caja de vino barato, asuma su derrota, desee descontroladamente su lengua en la mandíbula de esa mujer. 

Tome un trago y busque comodidad. La reconstrucción está a punto de empezar.

Enrole un porro, ponga una canción triste y escúchela por los próximos seis meses, hasta que no le provoque llanto. Evite leer un Best Seller, evite BBC, deje la escalinata de lado. 

Caiga en coma, sea un recoveco.

Conozca mujeres, levánteles la falda, beba, finja que logra existir. Al final de la noche puede llegar a su cama a ser infame y febril. Infeliz.

No le cuente a nadie, llore en silencio, delire, usted tiene derecho a soñar  que repentinamente, va a llegar. Sea parte del suelo, déjese morir.

Dúchese repetidas veces, con manzanilla, con whisky, con sal, piense que de pronto, en algún momento, el olor de esa bendita carne, cesará. Aunque usted desee lo contrario.

Caliente dos litros de vino, con naranja y canela, tome hasta perder noción de cielo, tiempo y tierra. Camine por ciudades desconocidas. Ría con y de los demás. 

Evite las ayudas clandestinas. Pague cenas caras, compre shots para toda la cantina.

Revuelva su dignidad con insalubridad.

Llore luego de un orgasmo, lea, ódiese, subraye. Háblele bonito a cualquiera, reparta besos con sabor a incierto, a mentol.

Compare su historia con la de los demás, brinde consejos, lloré una vez más.

Ella se fue, ella, aparentemente, no volverá. 


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Goteras


Parte III

Nunca voy a ser la que cante “es un buen tipo mi viejo…”

Con las palabras se me fue el pigmento, perdí a mi primer amigo aproximadamente a los ocho años, y al menos dos veces al año, se me pasan por la cabeza, todos esos episodios borrosos, esa infancia con dolores auditivos y comparaciones sin certeza.

Mi primer amigo, me enseñó a cruzar el pasamanos y a encestar, sin importar que tan altos estuvieran los aros de mi realidad. Me enseñó la cantidad de perfume perfecto que debo usar y en alguna recaída, a remojar el habano en coñac.

También me enseñó que la vida de juego no es juego y que hasta el amor más sincero puede ser carnicero.

Dicen que caminamos igual, pero, somos caminos diferentes. Y yo le deseo la suerte, la que casi nunca merece.

Nunca le había pensando con resignación, pero acabo de llegar a una edad en la que es demasiado difícil soñar.

Olvidé mi apellido y perfeccioné su andar, me tomo mis tragos sin traicionar y camino sin culpas por cualquier ciudad.

Soy un instante, un desprendimiento emocional constante, pero sé mantener las copas servidas y he ido conociendo el secreto para recuperarme.

Las horas pasaron, los años transcurrieron. Y con todo respeto, no, no es un buen tipo mi viejo.  

martes, 2 de agosto de 2016

Borrador 1


"Y en las multitudes, la mujer que yo amo."


Yo quisiera hablarte de todos los versos que he contado, de mis mentores, de mis clases de literatura a las que nunca he ido. 

Quisiera levantarme en las mañanas, caminando por casa, diciéndote que el sistema no nos interesa, porque tenemos mis letras, los libros y tus bragas.

Yo quisiera decirte que quiero medirlo todo en métrica, pero, sería mentirte, yo escupo letras que no calzan en concursos de poesía. También quisiera hablarte de mis amigos, pero más de la mitad ahora son traidores.

Quisiera detenerme en casa de tu madre y decirle que estamos bien, que vivimos soñando, que no tengo ojos para nadie más, que la vida marcha porque vivimos de marcha, que nos amamos porque el arte y el vino nunca faltan.

Yo quisiera decir tu nombre en voz alta como si fuera la cura para el cáncer, caminar detrás tuyo, no para que pensés que sigo tus pasos, porque lo que sigo, son tus caderas.

Quisiera apasionarme lo suficiente para tener valor, pero no puedo apagar la lamparita, estoy asustada, esta sociedad es un panteón. 

Quisiera decirte que todo estará bien, pero el calendario y el reloj me dicen lo contrario. Y yo a vos no te puedo mentir. Yo a vos te amo. 

domingo, 24 de julio de 2016

A una de las musas de Woody Allen.




Sentí el luto en la espalda antes de entrar a la sala de cine, y es que cuando vos pensás en Woody pensás en cosas raras intelectualmente, tan retorcidas como vos y yo. Cuando entrás a ver a Tarantino, la sangre empieza a correr desde que comprás las entradas. Y claramente, si entrás a ver a Pedro, las brisas del desconsuelo fluyen inadvertidas.

Yo soy Julieta cuando cruza la calle, escasamente deseo que alguien me espere del otro lado, porque guapa, el precio de lo que se vive con otra persona, es demasiado alto, ya no me quedan hormonas ni neuronas para otro desastre. Es por eso que te digo, no puedo escribir.

Necesito nuevamente desbordarme, construirme, morderme, emborracharme. Yo necesito derrapar una vez al mes. Luego de eso, exploto en carne, relajo e insensatez y viene el arte. Si es que se le puede llamar arte a mi involución terrestre.

A veces siento que nos conocimos en una de esas salitas de cine clandestinas, ya sabrás vos los sitios en donde hay que meterse para ver cine de verdad, con habanos a merced y una de esas Guinness que ahora son tan vos cuando voy a cualquier bar.

Yo soy de callejones oscuros después de diez cervezas, yo soy de vestidos levantados, la de sabor a alquitrán, la de ojos rojos y voz de camaleón. La que en todos sus formatos sabe claramente que prefiere un whisky a una iglesia, la que no tiene respeto ni certeza.

Dios te quitó la tolerancia para darte esos ojos. Dios te quitó la accesibilidad para darte esos labios. Sos tan dichosa. Yo no sé quién es dios, Dios, qué sé yo. Dejé de hablar en mayúsculas la última vez que me rompieron el corazón.

Volvamos a Julieta. A veces creo estar muerta. Muchas veces, huyo inconsecuente. Pero de pronto venís vos a decirme “enfant terrible”, con tus misterios de antaño y tu talento fotográfico que desconozco, a patearme las entrañas para que escriba. Yo dejo el trago y me siento a escribirte una carta con un buen cover de fondo. Es entonces, cuando mi muerte tiene sentido.

Y tenés razón, no puedo ser tan vaga, tengo que escribir al menos una frase diaria. Tengo que arrancarle letras a lo que sea, ya luego vendrán los tiempos de verbena, ya luego vendrán las noches de seda que me envíen directo a la mierda.

Y espero impaciente por tenerte en una mesita al aire libre, tomando tanto John hasta terminar llamándole Jack, o viceversa.

Ha sido un placer encontrarte en tiempos de austeridad artística, necesitamos recuperar los escritos en los cuales se pueda reír o llorar en paz, por el momento, recuperamos a Pedro.

Gracias por los siniestros. Hasta luego. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Dolores




Viernes 24 de marzo, 2016.
2:36am.

“Escribí Tamara, escribí”

Dolores:

Te imagino sexualizando la quinta copa de vino, añorando no romper en llanto.

Yo soy tu carne de cordero, vos sos el almíbar cotidiano.

Nunca supe medir la cantidad de mi amor, por eso mis silencios te daban la mano, mas nunca la razón a tu engaño.

Dolores, las calles son muy anchas y ni siquiera tuve la oportunidad de declamarte mi ardor, candor, furor. Qué sé yo.

Nunca me sentí tan amada como ese jueves, nunca me sentí tan deseada como ese viernes. Y la luna llena, sin embargo, el sábado a las diecinueve menos doce nos hacía despedirnos de nuestro perpetuo espasmo, nuestro rinconcito en Bariloche. Nuestro reproche.

Nos amamos tanto que es mejor ponerle un broche.

Yo te dije que no, que no era suficiente con ser capaz de morir por mí.

Yo te dije que sí, que yo estaba aquí.

Te imagino fácilmente subrayando un libro con la mirada fija en absolutamente nada. Pero que nadie se dé cuenta, Dolores, es inadmisible que sepan que mi ausencia hace que te duela el cosmos de tu esencia.

Dolores, ¿quién soy sin vos cuando acaba la jornada?

Me resbalé en tu cuerpo, yo no sabía que ya yo me resbalaba por tu alma.

De esto se trata sin tu frenesí, de medio escribirle a la vida y cotizar caderas sin sentir.

Ya casi es abril, tengo una lista de libros y canciones, anoche me receté un trago al que llamo con tu nombre. Solamente para no perder la costumbre de nombrar todos mis besos y mi ambigüedad.

No me esperés en la estación, no me busqués en otra capital, no lo hagás, me dejaste sin ganas de brindar.

Dejá de juzgarme, yo hago lo que puedo, aunque sea con desgano. No te quiero de regreso, pero mis letras, regresáme, aunque estén estropeados, todos mis versos.

Ya no tengo miedo, Dolores. No necesito que vengás a encender la luz. Y cuando creo que estoy muerta, me despiertan los vestidos que levanto.

A tu salud y con destajo.

¿Quién iba a decirlo, Dolores, que no eras la manzana, eras la serpiente?

¿Quién iba a decirlo, Dolores, que yo iba a ser la daga que traspasara tus entrañas y tus vertientes?


Con todo mi amor, hasta siempre.



Tamara.

viernes, 15 de enero de 2016

Criptomnesia


Era sábado, la muerte tiene dos partes.

No gané de noche, no gané de día. Pero fue mía por las mañanas y a media tarde.

Y en las madrugadas, yo fui de ella, admito que le permitía con recelo, resguardarme.

Fue mía la desgracia adjudicada como atragante.

Vaciladora utopía realizable.

No, no me apetece, pero fue un encuentro de deidades.

Me corto las manos en el after de escribirle al desastre.

Me corto los cortometrajes que se pasean turbulentos y aspirantes.

Me desmembró  en mi cama y le tengo miedo.

Me encendió la luz y me la apagó justo cuando empezaba a entender el trayecto.

La altanería es una barbaridad, las calles de diferencia son continentes distantes.

Un Mar Muerto y el apellido de mi madre.

Fue un sábado.

Ojalá esa noche nos hubiera matado la misma sustancia.

Ojalá nos hubiera embestido cualquier transporte en alguna de esas mañanas.

Ojalá en conjunto, nunca por aparte.

Desde que no entiendo nada, de vivir no doy alarde.

No sé a qué cementerio llevarle flores, pero si supiera, le llevaría poemas, y se los leería cuando le asuste estar bajo tierra.

Tomaría una siesta al lado de su epitafio y le haría berrinches por dejarme ir sola a casa, por no abrazarme cuando le tengo miedo al presagio.

Le tendría una pileta de libros y una cerveza europea.

Pero no sé a qué cementerio llevarle una lemniscata.

Y mi alma, mi alma tomó cualquier escalinata.

Tengo un Camel en la boca, una cerveza gringa asquerosa y libros sin empezar.

Las pantuflas puestas, Monochrome revolviéndome tanta violencia y su nombre zigzagueando a destiempo y sin vergüenza.

Tengo unas ganas desmesuradas de gritarle a la vida y tres botellas, esperando ser bebidas.

Criptomnesia, puta criptomnesia. 


*Criptomnesia: Memoria oculta.